Cuando escribía esto también pensaba y sentía que lo mejor que podía decir era quedarme callada, verdaderamente era lo que coincidía con lo que siento y pienso sobre el poder de la palabra, que su verdadera fuerza radica en el silencio que la sostiene .
Me costó mucho sacarme esa idea de la cabeza y decidí enfocarme en tratar de poner este poder en práctica. Obviamente iba a ser mucho más difícil que esto se entendiese si me quedaba callada, porque no estamos acostumbrados a comunicarnos así. Siento que en realidad no hay ningún mensaje importante que pueda ser dado, ni nada que escuchar que sea más sanador que el silencio. Así que en si sentí una gran paradoja al hacer esto.
Enfocándome específicamente en la interrelación que se da entre las personas, su manera de comunicarse; en que se usa la palabra como medio de transporte de la energía veo a las palabras como paquetes de energía que nos enviamos unos a otros.
Que pueden llegar a ser bálsamos increíbles, manifestaciones de amor, nutrientes y estimulantes, llaves a otros estados de conciencia y vibración, medicinales y cicatrizantes, energizantes y semillas de la sanación.
Mas así como el ser humano suele desconocer el poder de auto sanación propio, desconoce el poder creador de la palabra, y en medio de este desconocimiento no cuida ni su cuerpo ni su habla, ni cuida sus emociones, ni su mental, ni a los otros. Siendo lo que ocurre cuando una persona por inercia le comenta algo a otra volviéndose solo una manera de llamar su atención, en un intento inconsciente de tomar su energía.
Condicionado por el entorno va creando solo lo que cree posible.
Es notorio que cuando tenemos que comunicarnos entre nosotros interrumpimos nuestro silencio. Cada palabra que dejamos salir es parte de nuestra energía.
El contacto con el afuera se vuelve muy fuerte en medio de la inconciencia, produciéndose mucho ruido y desgaste en las charlas habituales donde las personas escupen sus emociones con el objeto de despejarse de ellas.
Muchas veces las conversaciones se vuelven una lucha energética que nada tiene que ver con el concepto que aparenta ser tratado. Al hablar de manera inconsciente se pierde energía, por lo tanto es bueno ser moderado en el intercambio, disfrutando también del silencio.
Para esto es buena ayuda practicar un ayuno de palabra de vez en cuando para reeducar al ego que tiene la costumbre de hablar todo el tiempo. Para aprender a comunicarnos sin perder ni exigir la energía de otros, manteniendo siempre la fuente suprema de nutrición con nuestro ser: el silencio.
Cultivando el ser interno, al permitirnos quedarnos en silencio de la forma que conozcamos, meditando, contemplando, en medio de la naturaleza, recuperando el dialogo con ese ser originario, natural.
La palabra es un hecho cultural que se nos inculco, que nos define de maneras que no nos gustan, que nos delimita en algo con lo cual tal vez no estuvimos conscientemente de acuerdo y al liberarnos de esas exigencias al entrar en contacto con nuestra silenciosa e ilimitada naturaleza es fácil respetar a los demás y a todo lo que existe en el mundo. Sin tratar de forzar, manipular y controlar a los otros, siendo posible ser el propio maestro y dejar a los otros ser lo que son o lo que tienen la capacidad de ser.
En su justa medida la palabra es mágica, la palabra es sonido creador. Materializando lo que es pronunciado.
Por lo tanto suena interesante solo usarla siendo canales de luz creando solo buenos aprendizajes para todos.
Estando presente. Pensando y sintiendo antes de hablar, siendo breve y preciso.