Ha logrado un primer estadio de libertad, lo sabe.
Pero no sería coherente si se detuviera ahí.
Sigue buscando, a riesgo aun de contrariar la propia búsqueda realizada.
Por lo que no es extraño ver a un coherencionista caminando por el camino opuesto al que iba en primer lugar, ni verle cambiar varias veces de dirección.
De hecho muchos perdieron su coherencia cuando quedaron atrapados en las estructuras que utilizaban para liberarse.
Mientras tanto, los verdaderos coherencionistas no temen a lo que puedan encontrar, ni enfrentarse a sus peores temores.